Trump y América Latina: más incertidumbres que certezas

 


Hoy asume Donald Trump en el contexto de una sociedad plagada de tensiones internas y marcada polarización. ¿Cómo influirá en la región su llegada al poder?

Por Sabrina Cereda.

Con el arribo del polémico magnate a la Casa Blanca, se presentan en América Latina más incertidumbres que certezas.  Estas últimas están vinculadas a su Plan para “recuperar la grandeza de Estados Unidos” que contiene 28 medidas, de las cuales 16 tendrían un impacto directo -en caso de que las concretara- en su relación bilateral con México, Guatemala, Honduras, El Salvador y Cuba.

México será uno de los países más afectados por las nuevas medidas. Una de ellas es la construcción de un muro fronterizo, que tiene como objetivo según los dichos de Trump, detener el flujo de migrantes ilegales ‘y criminales’, además de contener el tráfico ilegal de drogas, armas y ‘otras amenazas’. Los interrogantes aparecen a la hora de decidir quien lo financiará. El republicano asegura que el país azteca será quien lo hará. Tal fue su insistencia que en conferencia de prensa expresó que Estados Unidos adelantará el dinero del muro para poder construirlo con mayor rapidez, aunque reiteró que luego le pasará la factura al país vecino. Por su parte Peña Nieto manifestó que su país no hará frente a ese gasto.  Lo cierto es que las nuevas medidas económicas implementadas en México, como el gasolinazo, han despertado la idea en los especialistas que, probablemente, el aumento del combustible sea una forma de obtener recursos para costear el pago de dicho muro.



El endurecimiento de la política migratoria y seguridad nacional es otro de los temas relevantes que afectará a varios países centroamericanos. La misma esta vinculada a la deportación de inmigrantes ilegales, órdenes de retiro y/o sanción de visas, aumento en los patrullajes fronterizos,  investigaciones criminales y hasta detenciones; concentrando los esfuerzos institucionales en la deportación de aproximadamente tres millones de inmigrantes –legales o ilegales– que hayan cometido, según Trump, crímenes en EE.UU. Todo esto sin contar los cambios administrativos y logísticos que deberá realizar, además de un presupuesto de gran envergadura con el que deberá contar para poder realizarlo.

Las deportaciones masivas impactarán fuertemente en la economía mexicana debido a que el envío de remesas representa hoy, uno de los primeros ingresos del país, junto al petróleo y el turismo. A esto debe sumarse la imposición de límites al envío de las mismas, por lo tanto, esto no hace más que agravar la situación.

Otra de las acciones que el presidente electo asegura que llevará a cabo es la revisión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA)- donde también se encuentra México- y de la misma forma el retiro de su país del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP); un mega acuerdo de libre comercio, impulsado como opción al ALCA, para contener el avance chino, integrado por: Chile, Perú y México entre otros. La medida abrió un arco de interpretaciones –e incertidumbres- que van desde quienes consideran que ésta es la “sentencia de muerte” del acuerdo – situación que ofrecería nuevas perspectivas para el comercio y las inversiones de China en Latinoamérica-; hasta quienes defienden su viabilidad, aún sin la presencia de la primera potencia.

Trump se reunió con varios expertos en ‘asuntos hispanos’, en Nueva York. Durante el encuentro trataron a puertas cerradas el famoso y controversial tema migratorio, pero no se olvidaron de Venezuela y Argentina. Sobre esta última Freddy Balsera, uno de los expertos presente en el encuentro, señaló el interés del republicano por Argentina, “ahora que el país vuelve a buscar un acercamiento a EEUU”.

Asimismo manifestó que el presidente electo “estaba muy interesado en saber nuestra opinión de lo que está pasando, de lo que va a pasar y lo que falta por pasar” en el país bolivariano. La pregunta sobre “lo que falta por pasar” trae a colación las recurrentes denuncias del presidente Nicolás Maduro -entre otros mandatarios y ex presidentes de América Latina- de planes  desestabilizadores -cuando no golpes de estado encubiertos como el impeachment a Dilma Rousseff, por citar uno de los últimos- por parte de la derecha vernácula, bajo las ordenes del país del norte. Las maniobras de Washington para debilitar, recuperar o eliminar gobiernos que concidera “molestos”, son conocidas en la región, debido a que se trata de uno de los ejes -democracia y gobernanza- de su política exterior en el continente. Ahora ¿Qué  “faltará por pasar” en Venezuela, según los expertos hispanos, para que Maduro por fin deje de ‘molestar’?

En esta línea, Cuba no podía faltar. El millonario estadounidense manifestó que echará por tierra la normalización de relaciones iniciada por Obama y Castro en diciembre de 2014, destruyendo el avance diplomático histórico entre ambas naciones.

El enfoque y la agenda de política exterior de Estados Unidos hacia América Latina y el Caribe se han caracterizado históricamente por tres ejes “promoción de la seguridad, la democracia/gobernanza y la prosperidad o desarrollo” que contrariamente a lo que expresan los términos citados, las acciones que se han realizado en ese marco están muy alejadas de lo que representan en teoría los conceptos. Aunque Trump pareciera no tener una política exterior concreta con respecto a la región, el avance de la derecha de los últimos tiempos configuró un nuevo mapa político en America Latina, totalmente diferente al que se encontró Obama en su primer mandato; esto le facilitará a EEUU aún más el desarrollo de sus conocidas políticas, dándole una mayor influencia sobre “su patio trasero”.

En este contexto Leandro Morgenfeld, en el libro “América Latina, la democracia en la encrucijada” de CLACSO, considera que es probable que el nuevo presidente no abandone la política exterior que la Casa Blanca viene aplicando desde hace tiempo, basada en la doctrina del presidente Monroe que implica “alejar a las potencias extra hemisféricas de lo que consideran su exclusiva área de influencia y fomentar la fragmentación latinoamericana para evitar que proliferen organismos en los que no interviene Estados Unidos, como la UNASUR, la CELAC o el ALBA” los que permitirían un mayor nivel de integración.

Pero hay quienes sostienen, con bastante optimismo, que la continuidad hegemónica de EEUU puede verse perjudicada por las protestas y grietas internas -racismo y xenofobia- que se hicieron más evidentes  luego de las elecciones que dieron por ganador a Donald Trump. Leandro Morgenfeld considera que esta situación puede “dificultar la proyección del país como “faro” o guía de las democracias de Occidente”; contexto que Rusia y China sin dudas aprovecharán.

Asimismo asegura que estos hechos se presentan como una clara oportunidad para que América Latina abandone los lazos de dependencia y recupere la coordinación y cooperación política en torno a organismos propios, además de avanzar hacia la integración de los países de la región.

Pero, teniendo en cuenta las características de las derechas latinoamericanas, y las distancias ideológicas entre algunos gobiernos, es poco probable que estas alternativas emancipatorias e integracionistas, de desarrollo del mercado regional, coordinación y cooperación política,  estén en los planes o se transformen en un proyecto común entre los gobiernos.

El investigador advierte que las medidas proteccionistas que Trump llevaría a cabo podrían obligar a pensar estrategias que potencien el mercado interno y regional. Asimismo, resalta el encarecimiento del crédito externo, a partir de una esperable suba de la tasa de interés por parte de la Reserva Federal, que puede afectar a varios países latinoamericanos como Argentina, si no abandonan las políticas de endeudamiento.

Más allá de los dichos de Trump, las controversias, las medidas y suposiciones sobre continuidades o rupturas en América Latina; tendremos que esperar a que el presidente asuma para poder confirmarlas. Pues se trata de un hombre impredecible y nadie sabe bien lo que hará. Ha roto hasta ahora con todos los moldes, y así como fue un candidato atípico, es esperable que sea un presidente norteamericano no convencional, lo que despierta más incertidumbres que certezas.

Diario G24


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